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En algún momento de nuestras vidas nuestro mundo es movido bruscamente, ya sea, por una enfermedad, un accidente, un abandono, una desilusión, una muerte de un ser querido, etc. Pero nos hemos preguntado ¿Cómo podemos estar preparadas para mantenernos firmes en una situación que llega sin aviso?. Las circunstancias diarias también nos abruman, como por ejemplo:
Confrontar una persona difícil de tratar o manejar, responsabilidades que nos entregan sin muchas veces sentirnos capaz de poder realizarlas o a veces el conjunto de pequeñas cosas llega a ser más de lo que podamos manejar. Cosas como estrés en el trabajo, presión en el lugar que estudias, situaciones sociales incómodas, o cualquier otra cosa que involucra expectativas que sentimos que no podemos lograr, nos llena de una ansiedad que muchas veces se hace insoportable. La clave para vencer esta clase de circunstancias es caminar paso a paso con Dios. Cuando colocamos nuestra vida en el señor Jesucristo, no seremos llevados por tormentas que tratan de desconcertarnos. Vemos en la Biblia muchos hombres que pasaron por tiempos de desaliento pero que no perdieron su sentido de la realidad, no perdieron su rumbo. También sintieron miedo al igual que muchas de nosotras lo hemos sentido, pero eso no quiere decir que Dios no está con nosotros, quizá este temor sea un llamado a orar. En un momento así busque la presencia de Dios y su guía, y permita que su amor penetre en plenitud en su situación. El perfecto amor echa fuera el temor, solo el amor de Dios es perfecto. Mientras más no acercamos a Dios más experimentamos de este amor perfecto. Cuando en su vida experimente un remezón que le desaliente, mire a Dios y vea su maravilloso poder, no solo véalo sino también experiméntelo. A veces nos sentimos como hormigas delante de una gran montaña, pero debemos pararnos delante de la montaña y decir:” Declaro que este lugar en el que estoy es un lugar santo. Dios te invito para que reines en esta situación, porque tú eres más grande que cualquier problema que enfrento.” Sienta la presencia de Dios y le aseguro que él le llenara de paz allí en la oscuridad de las situaciones, extienda su mano a Dios y sepa que su mano poderosa puede tomar la suya. “Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmos 46:1) |